Raquel Rivera reflexiona sobre “Confidencialidad 2.0″ en la revista Anuncios
Raquel Rivera, directora creativa de Nurun, ha publicado este mes en la revista Anuncios un artículo titulado: “Confidencialidad 2.0″.
Confidencialidad 2.0
Un portafolio es la carta de presentación de un creativo. Sobra decir que cuanto más completo sea, mayor valor se otorga a la carpeta en cuestión. Tanto es así que, cuando empezamos, nos dedicamos a hacer “truchos” o simplemente pensamos ideas para marcas nuevas, ya que sabemos que esto nos ayuda a crecer o a mantener el músculo a tono. Muchas veces lo hacemos sólo para divertirnos. Todo esto parece obvio a ojos de los creativos pero creo que es importante recordarlo.
Si el creativo es director de arte, diseñador, fotógrafo o ilustrador necesita experimentar con la imagen y recrearse aún más para lucir sus capacidades.
Hace unos años comprendimos que las nuevas tecnologías nos permitían la creación de estos portafolios on line facilitando la actualización de los trabajos y dándonos nuevas herramientas para compartir nuestras creatividades e investigaciones. Al mismo tiempo estos soportes nos facilitan la vida a los directores creativos, editores y cualquier reclutador que intenta localizar un creativo con unas capacidades determinadas.
Estas plataformas que nos resultan tan útiles han ido evolucionando a comunidades en las que se crean “círculos de influencia” a los que te adhieres, permitiendo la permeabilidad entre creativos y tendencias. Los contenidos y por tanto el talento se propaga rápidamente, se comparte, se difunde y también se imita. Convirtiéndose en excesivas ocasiones en un foco de inspiración, digamos, “demasiado literal”. Estos “circles” o tendencias de diseño tienen sentido hasta que la creatividad pierde su esencia y empezamos a ver las mismas soluciones creativas aplicadas a diferentes productos comerciales hasta la saciedad.
Pero no es esto lo que me preocupa. Estas comunidades también se han convertido en un arma de doble filo y aquí es donde entra la polémica: Inconscientemente se suben piezas, truchos, propuestas aprobadas o no por los clientes… porque conforman nuestro valor creativo, nuestro valor en el mercado. Pero nuestras carpetas de antes no estaban tan expuestas como los actuales portafolios on line, especialmente los más sociales.
Ganamos en visibilidad pero podemos perder en prudencia. Es relativamente fácil encontrar en estas comunidades las propuestas contra las que has competido en un concurso por una cuenta determinada; el riesgo no sólo estriba en el intercambio libre de esta información sino en si esa publicación pude rozar los términos legales de confidencialidad de los concursos. En algunos casos, incluso, esta práctica puede revelar o al menos hacer más visible la inversión que una marca tiene prevista para un lanzamiento de un producto o una acción dependiendo de la creatividad mostrada.
¿Se nos vuelven entonces en contra estas herramientas? Lo cierto es que no, siempre que hagamos las cosas bien y con cabeza. A fin de cuentas te permiten mostrar tu trabajo, ganar visibilidad y te aporta una imagen ordenada. Si a esto le puedes añadir la prudencia de no publicar nada que pueda poner en riesgo a tus clientes de hoy o de mañana seguramente , además, añadirás matices de profesionalidad y responsabilidad.
Es verdad que en ocasiones somos demasiado permisivos con nosotros mismos y con nuestro trabajo tanto a la hora de cuidar estos detalles como cuando debemos defender la autoría de nuestras propuestas; como decía antes, en demasiadas ocasiones estos trabajos proviene de una dudosa inspiración.
Nadie puede negar el derecho de un creativo a mostrar sus trabajos como parte de su portafolio, pero también es cierto que ningún creativo debería poder poner en peligro la estrategia de un cliente por un acto imprudente.
Vivimos tiempos en los que compartir y referenciar a otros nos aporta valor pero creo que todavía estamos lejos de acercar estas dos posturas y alcanzar un consenso que resulte justo para ambos.



